De lo que fuiste y nadie sabe si será.

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Era un sí que se mezclaba de no para que no se viese tan claro. Era un vete para no volver pero no esperes mucho por si termino pidiéndote que te quedes. Era una forma de querer echar de más y terminar con de menos cuando estábamos justo al lado. Era un saber que no podía ser y, en cambio, apostar a caballo perdedor. Era un problema que me dejaba sin soluciones. Era un juego en el que ya no jugaba yo. Era una batalla perdida de una guerra que no iba a ganar. Eras tú y poco más.

Era un vuelve cuando no te habías ido. Era llamar sin recibir respuesta y saber que tú estabas al otro lado. Era un año al que no le dejaban la primavera. Era un día al que le faltaban más horas si era para consumirlas contigo. Era un no tenerte y saber que no te tenía pero esperarte por si acaso se te ocurría volver.

Era una pregunta que no tenía respuesta. Era un pájaro al que le cortaban las alas porque seguía un vuelo sobre mojado. Era una vuelta de tuerca a una historia demasiado apretada. Era un sitio en el que siempre nevaba aunque el sol salía más que nunca. Era un coche que nunca llegaba porque le encantaba eso de dar vueltas. Era una historia que nació finiquitada aunque nos gustara lo de continuarla hasta un para siempre.

Era tanto que ya no lo era. Era esperar a que tu te fueras porque todos sabían que te irías. Era saber que no volverías y en cambio quedarme sentado no fuese que aparecieses y yo no estuviera. Era un leer sin saber el qué. Era un preguntar saltándome el interrogante. Era un exprimir todos los buenos momentos porque sabía que no iban a durar demasiado. Era poner toda la carne en el asador y luego apagar el fuego por si acaso nos quemábamos. Era un poner la venda antes de que nos hiciésemos la herida, porque lo sabíamos, había golpes inevitables en dos cohetes lanzados sin medida. Era un decirte que no quería verte más y esperar que siguieses mirando cuando me diese la vuelta. Era un pedirte que te fueras y temer que lo hicieses por si esa era la primera y única vez que me hacías caso. Era un conocer a todos y cada uno de tus amigos y preguntarme qué pensarían de mí, si sería suficiente para ti o si pasaría al montón de descartes que ya habían llegado antes de que yo apareciese.

Era un escribirte por si acaso se te ocurre volver a leer esa historia de dos que han seguido caminos tan opuestos que nadie tiene claro que no vuelvan a cruzarse. Era un pedirle a todos que no te vuelvan a nombrar porque era una forma de recordarte pero navegar en los recuerdos en los que tú siempre apareces. Era un echarte de menos a ti pero no a ti, a eso de lo que tantas veces nos prometimos, a eso de lo que fuiste y nadie sabe si será.

Ángel Ludeña.

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