Y volver.

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Porque dicen que lo bonito de irse es saber que puedes volver. Porque todos echamos de menos lo que una vez tuvimos y porque algunos dicen que sólo si no lo supimos aprovechar. Vivimos cuentos sin protagonistas y con giros de guión tan surrealistas que aun después de mucho nos siguen sorprendiendo y, en cambio, ahí está la vida tan caprichosa, que decide que nos toca pasarlo regular pero que siempre nos sabe recompensar.

Vivimos historias de amor que nunca llegaron a serlo y que siempre lo parecieron, que sabían disfrazarse con mentiras y que no conseguían pasar de ser un quiero y no puedo, donde se podía pero no se quería. Y que se terminaron cuando nadie lo esperaba y, en realidad, todos lo sabían. Te pasabas los días pensando en recuperar lo que no sabes si tuviste por eso de volver a ser feliz cuando nunca lo fuiste.

Qué fácil resultaba echar de menos, alabar a un tiempo pasado que tal vez no fuese mejor pero es que una pena ya pasada no cuenta igual. O eso dicen. Decía alguien el otro día que vivíamos siempre una decepción hasta que dejábamos de vivirla y era entonces cuando empezábamos a valorarla. Que todo tenía una parte buena aunque a alguno le cueste mucho encontrársela. Y ahí vuelve la vida, con su más y con sus menos, a ponernos al frente de un barco en el que sólo navegamos nosotros para repetir lo que ya vivimos. Y para demostrar que cuando queremos, no aprendemos. A pegarnos la hostia porque nos gusta dárnosla, que a eso lo llaman vivir y nosotros siempre estuvimos muy vivos. A volver a las llamadas hasta las tantas donde se dice tanto que se olvida muy rápido porque no hay más sordo que el que ya sabe lo que le van a decir. Y vuelven las amigas que siempre estuvieron, que las de verdad no se van. Vuelven a sentarse con una cerveza a hablar del pasado y a reírse del presente. Y de nuevo dices que lo sabes pero esta vez ya te da igual, que si antes no te preocupó, no va a ser peor ahora. Los golpes, al principio, siempre duelen más. O igual, pero el tema es si eliges dártelo. Y qué se le va a hacer si en esto de lanzarnos, nos gusta jugar, con la misma suerte que en la lotería, un boleto cada no se cuanto que vale para que todos la sigamos comprando porque alguien dice que una vez tocaba. Supongo que en lo de enamorarse es algo así como la ilusión de que te toque que a nadie le toca pero el por si acaso hace que nos la sigamos jugando. Y que bonito es jugarsela cuando tienes con quien compartir el premio. Siempre habrá quien te diga que solo lo merece si es para ganar pero nadie se puede olvidar de lo importante de participar, que las historias son mejor en el durante que en el después, que todas acaban igual.

Por eso seguimos tropezando dos veces con el mismo fallo, por eso de a ver si hay suerte y se convierte en acierto. Y mientras algunos prefieren huir de vivirlo, nosotros nunca fuimos de correr, nosotros somos de intentarlo y volver.

Ángel Ludeña.

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