Cuando lo bonito de tus idas eran tus venidas.

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La espuma de la cerveza aun se te queda pegada en forma de bigote cada vez que bebes de ese vaso enorme que siempre se termina gastando. Fuimos como una caja de petardos que se encendían enseguida y siempre terminaban explotando. Y qué bonito era explotar si eso suponía gastarnos juntos, en mitad de una calle donde el asfalto se calienta aunque la temperatura aun no acompañe demasiado a ese mes en el que siempre estamos. Contigo vivía en una eterna primavera, con altos y bajos, que siempre compensaban. Fuimos demasiado fugaces pero supongo que es lo mejor de las historias de no se qué, que fueron mucho de no y faltaba no sé del qué, pero si teníamos una cosa demasiado aprendida era que aquello no pasaría de ser un intento donde faltaba mucho de ti y supongo que también de mi. Es absurdo culparte solo a ti. De que no me quisieras lo suficiente, de que no te importara demasiado, de no tenerlo claro. Creo que me hiciste un poco de ti para que cuando me soltases todavía siguiese amarrado, a una historia donde me faltabas desde hacía mucho. Que mal sonaba faltar cuando tú eras de siempre estar, al menos, si era conmigo.

Te echo de menos todavía y seguro que no será la única vez, tal vez será como aquellas veces donde después de buscar quien cubriese tu hueco, volvía a las andadas sentándome en el bar de siempre. Y pensando en quien cubriría tu sitio, y en lo poco que me iba a gustar. Me faltaba tiempo para acordarme de ti y me sobraban siempre horas si era para volver a verte, cuanto hace que no te veo y cuanto lo echo de menos. Eras como esas estrellas fugaces que pasan muy de cuando en cuando pero siempre hay alguien que las ve. Yo creo que fui el primero en verte a ti, tal vez no el único pero sí el que mejor te miró, si me lo permites, déjame que me quede con esa idea. Me pasaba la vida echándote de mi lado hasta que volvías, siempre de forma diferente pero con algo especial y tal vez sorprendente.

No diré que si sumo y resto, me dará a perder, porque contigo gané mucho, tanto que podría llenar un álbum entero de buenos momentos a tu lado, de los malos no hice foto así que no hay mucho que decir de aquellos. Recuerdo que había veces que habría firmado un contrato sin fianza a toda una historia contigo sin leer más pero es lo que tenía que estuvieses conmigo que todo sabía mejor y que nada malo podía ocurrir, porque contigo todo iba siempre bien. Por eso no sé por qué te fuiste, por qué en tus vueltas de tuerca nunca aparece mi sonrisa si te las quedaste todas tú. Y como me gustaba reírme si era contigo.

Dime que desde la otra punta de tu mundo, todavía hay veces que coges el móvil y te acuerdas de mí, de como compartíamos todo de nuestras vidas, cuando lo bonito de tus idas eran tus venidas.

Ángel Ludeña.

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