La fórmula secreta de mil historias por contar.

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Reírte tanto que te duela la tripa cansada de que hayas convertido la risa en tu indudable compañía. Correr tan lejos que el viento no consiga pillarte ni poniendo la maquinaria a todo motor. Hablar tan fuerte que la mitad del cine se gire a chistarte sin saber que lo que estás contando no hay película que lo supere, ni actor que lo interprete mejor.

Callarte tanto que conviertas los silencios en palabras donde se dice sin decir nada sabiendo que, a veces, es la mejor forma de decir de más y callar de menos. Escribir tantas historias que algún día te puedas plantear juntarlas para ver si así logras que al menos te funcione alguna. Llorar tanto que desafíes en un reto sin igual a cada uno de tus lagrimales en eso de querer llorar más y que sean ellos los que no te quieran dejar. Ligar tanto que conviertas tu móvil en un centro de operaciones con conquistas de una noche que se olvidaron en media y amores que duran dos días y se quedan un poquito de tu vida. Viajar a tantos lugares que conviertas tu pasaporte en la mejor guía del ocio de toda la geografía mundial. Bañarte en tantas playas que con ropa o sin ella se lleguen a plantear si te dejan un trocito para poner siempre tu toalla y que nadie te la pueda quitar. Hablar tanto por el móvil que las compañías telefónicas se rebelen para hacerte una oferta especial, con llamadas ilimitadas a amigos y gente de guardar. Conducir tan deprisa que todos los radares del país salten a tu paso para dejar la foto de tu coche en cada punto por el que hayas pasado. Salir tanto de fiesta que los porteros de todo Madrid se sepan tu nombre y dos apellidos porque estás más en la calle que el camión de la basura.

Gritar un gol tan fuerte que los que tengas pegados se crean que has apostado todo el sueldo y mitad a cambio de la victoria en un partido donde no conoces ni a los equipos que pisan el campo. Cantar tanto que las nubes ya no se atrevan a volver a llover porque si eso era una guerra está claro quien la ganó antes.

Enamorarte tan dentro que sepas de verdad lo que es querer a alguien tanto que toda una vida juntos te siga pareciendo poco. Darte tantas hostias que te parezca que puedes con todo aunque nunca sea verdad. Sonreír tanto después de cada decepción que no se atreva a quedarse porque sepa que contigo tiene poco que hacer. Perdonar tantas putadas que puedas estar orgulloso de dar oportunidades a quien en el fondo sabes que alguna vez se las mereció. Pisar tan fuerte que dejes tus huellas marcadas pero nunca se te olvide caminar porque lo mejor de andar es que sea hacia adelante. Conseguir que todos los días tengas con quien compartir un par de cervezas en un bar cualquiera donde poder sentarte a pensar en la fórmula secreta de mil historias por contar.

Ángel Ludeña.

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