Lo bonito de los viajes de vuelta.

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Me pasé media vida esperándote verte cruzar aquella interminable cafetería con esa sonrisa que podría servir para acabar con el mal rollo de un país entero. Y tal vez para conquistar a todo aquel que tuviese la suerte de cruzarse contigo. Qué bonito fue conocerte. Tenías la mitad ganada cuando te ví, la otra la conseguiste cuando lograste sacarme de una foto demasiado vieja donde ya no quedaba nada de verdad. Te empeñaste en enamorarme cuando, en realidad, tendría que haber sido yo quien se enamorase de ti y de cada una de tus sonrisas.

Podría decirte lo que te faltaba para conquistar a un corazón complicado sin ti. Podría decirte que tenías todo. No te merecías perder el tiempo en conocerme cuando en realidad era yo quien no debía tener la oportunidad. Cuántas veces te eché de menos estando al lado y sabiendo que te ibas a ir. Me habría gustado enamorarme de esos ojos enormes. Me habría gustado ser capaz de escuchar que íbamos a recorrer el mundo juntos y saber que sería verdad. Y qué tristeza hablar en pasado cuando se trata de ti y de mí.

No queda más opción que seguir, tú por allí, yo por aquí y el tiempo dirá si es que alguna vez se pronunció, yo creo que prefería mantenerse al margen porque sabía que me iba a enfadar demasiado. Qué injusticia no haber firmado un papel donde pusiese que estaba enamorado. Cuánto me conocías, creo que siempre supiste que yo no iba a pasar de ese sí pero no demasiado que nos impedía saltar de compartir todo menos ese poco, el que me faltaba para lanzarme contigo de la mano a recorrer la vida a tu lado.

Tantos como decían que llegaría alguien que merecía la pena y cuando llega soy incapaz de mirar más lejos de unos ojos que pudieran enamorarme. Te quería mucho, como para haber pasado contigo tanto tiempo y sentir que nunca lo había perdido si se trataba de estar así. Ahora, visto diferente, creo que lo mejor fue disfrutar de las calles de una ciudad que te adora, casi tanto como tú. Vaya manera más tonta de saber que eras la mejor opción de todas, y a la vez tener clarísimo que yo no iba a ser capaz de ilusionarme cuando viese tu nombre en la pantalla de mi móvil.

Me gustaría que desde tu sitio sepas que me acuerdo de ti, que te echo de menos y que siempre mereciste ser lo que fuiste, alguien de verdad. Acuérdate de que mi número favorito sigue siendo el de siempre, mi color el mismo que llevaban todas mis camisetas y que mi teléfono sigue con tu teléfono guardado a buen recaudo por si se te ocurre saber qué fue de aquel cuento. Si de repente, quieres saber de mí, por si consideras que todavía nos queda algo por lo que vernos, ponernos delante y sonreír, aún después de todo, no lo tengas demasiado en cuenta, ya sabes lo bonito de los viajes de vuelta.

Ángel Ludeña.

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