El verano que aún nos debe una.

Vuelven a salir cientos de coches por aquellas interminables carreteras escapando de una ciudad que no tuvo tiempo de enseñarnos a querernos. Y las ruedas del coche blanco derrapan firme en cada curva buscando en la lista de objetos perdidos una ilusión que se escapó demasiado tarde. Y le pregunto a la ciudad de las tres torres por qué no te puso en mitad de mis planes cuando la cerveza volvía para olvidar la decepción. Y dónde estabas tú mientras yo me dejaba gastar entre dos abrazos de barra y chupitos de Jagger que tan sólo me recordaban que una vez preferí el vino. Suena en los altavoces una canción y me pregunta si es verdad que eso de olvidarnos sonó entre dos cañas en la plaza dos de mayo. Escucho unos acordes y confirmo que ya no me gustan las guitarras. Que tal vez me he cansado de ser siempre segundo plato. Que si la vida es un menú, yo prefiero ser tu postre. Y las losas de tu calle se cansan de que sólo las pises tú. Y qué feo suena un tú sin un yo que de sentido a la historia. Y que largo se hace el camino que separa dos realidades con un nombre propio. Y qué sería de la tele sin el mando. Y qué sería de lo tuyo sin lo mío. Qué sería de la palabra nosotros. Y por qué te ibas tú para dejar que llegaran otros con los corazones demasiados rotos como para aguantar toda una historia conmigo. De sol y nubes, de nieblas y claros.

Que hablen aunque sea bien. Y que cuando me vean pasar por allí, se acuerden tanto de ti que nadie pueda decir que si alguna vez hubo algo no fue de verdad. Porque la confianza perdida con dos copas se recupera. Que ya sabes que siempre fui de bailar hasta temprano que nunca es demasiado tarde para volver a ser tú. Y tirar por la borda los malentendidos de “gente que entiende mal y gente que hace del mal su forma de entender”. Y no hablo de amor cuando digo de ti. Hablo tal vez de una época de mi vida en la que te convertiste en importante para mí.  Y qué ahora que has venido, estamos para echarnos a ganar.

No te pido que me des una oportunidad. Ni tan siquiera sé si la quiero, simplemente un nosotros lo suficientemente cerca para que los silencios se conviertan en palabras. Que le pregunten al verano si no es verdad que todavía nos debe una. Puestos a pedir le pido a la vida que nos devuelva la ilusión en forma de dos cafés con mucho hielo que arrastren las decepciones y pongan el cuentakilómetros a cero. Que no me importa volver a pisar a fondo si es para que tú estés en la meta. Porque digan lo que digan, cuenten lo que cuenten y cambies lo que hayas cambiado, yo quiero respuestas con muchos emoticonos.

Ángel Ludeña. 

 

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