Porque llegar tarde significa irse después.

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Los libros sólo se abren por la página marcada de color azul. Como el cielo cargado de nubes que siempre se despeja o como ese mar que cuando está en calma sabe que volverán las olas. Y toca volver donde la gente se cruza sin conocerse y esperando tal vez pararse en un paso de peatones y que alguien le regale un par de miradas. Andan deprisa para que no se escape un vagón con esa guitarra que suena pero que ya nadie la escucha. Y las historias de metro que más bien deberían ser de kilómetro. Las ilusiones a pie de pista de un baile que siempre queda por bailar con copa que sabe a ron del bueno aunque yo prefiera la ginebra. Que vestir pantalones rotos sólo está permitido para los que se han roto el corazón más de dos veces. Y que si a la tercera va la vencida, firmo una cuarta por si acaso.

Y vuelven olvidos que nunca se olvidaron a pisar las mismas calles que recorren los valientes que ponen las trabas a los miedosos. Las guerras perdidas, bien derrotadas están y las guerras por empezar se quedan en dos que firman la paz. Que a veces es mejor no pisar el fango por si te arrastra pero que yo tengo salvavidas puesto y pegado con cola fuerte. Y que vengan los que te quiten los seguros y hagan saltar todas las alarmas del bar de abajo.

Que ya no es cuestión de competir con contrincantes que te ganan en tiempo pero no en antigüedad, que no vamos a entrar en quien llegó primero sino en quien se va a ir después. Y que yo no tengo prisa, que la paciencia nace de una ciencia y que yo fui de letras. Pero nunca es tarde, si la cerveza es buena y que el roce hace el cariño y siempre he sido de tocar sin gastar. Te dejo, capital, que vuelvas a tomar dos copas y algunas más sólo si me das ilusión en forma de segundas oportunidades.

Y regalar sonrisas como publicidad en manos de relaciones públicas que no saben que los locales sólo cuentan por las historias que se comparten entre quienes los revientan entre semana. Que le pido al camarero que nos de una tregua y que no quiero que vuelva hasta que vuelvas tú a ser el primer contacto de una lista menos larga. Y que vamos a tirarnos al barro vestidos de marca. Y que vamos a bebernos las calles a morro, y que vamos a dejar los portales cargados de miradas y que vamos a ganar partidas. Que los coches si se quedan tirados tienen la grúa, y que si no fue bien, irá mejor. Que partida jugada, partida aprendida. Y que se vuelva a escribir con nombre porque decepción rima con ilusión y si estás es para echarte a ganar, que perder no cuela y que nosotros nunca fuimos perdedores. Que si vinieron primero se trata de que no vengan segundos, y que siempre hay que callarse y saber porque llegar tarde significa irse después.

Ángel Ludeña.

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