La rima de dos canciones y un par de sonrisas.

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Los helados se derriten más despacio y el tiempo corre menos deprisa. Y te pones a recordar que una vez cerraste las ventanas por si entraba el frío en los inviernos donde me encantaba echar de menos. Cuántas veces hablamos de querer siempre a quienes vinieron y se fueron. Y qué buenas marchas las de los que se van queriendo irse. Y qué bonito las de los que se quedaron y probaron a perder por si acaso. Y que dicen que todo se aprende y que no me lo creo.

Que ya está bien de aprender para perder más de la cuenta. Que si entonces éramos más felices. Que si tal vez fuimos los más desgraciados. Pero qué bonitas son las hostias que te pegas sabiendo que los amores curan. Que no quiero pedir historias como las de antes, porque la diferencia con las de ahora tan sólo está en las ganas que le echas. Y que antes nos lanzábamos al barro de cabeza por un par de notificaciones y algún mensaje tonto una noche tonta de dos tontos muy tontos a los que les gustaba tontear. Que no vamos a recordar por qué éramos mejores cuando nos poníamos enfrente y nos decíamos verdades. Que es verdad que las fuerzas no se agotan, que tal vez se guardan cansadas de no tener un corazón que les diga que tal vez no pero que se llena de por sí, tal vez sí. Y que yo no quiero historias que sean bonitas de contar, que me quedo con las que son bonitas de vivir.

Que si entonces las hice para contar, ahora quiero que me cuenten los motivos para gritar en un coche la mejor canción de ese grupo que prefiero no nombrar. Antes éramos de verdad. Ahora no sé que somos. Tal vez nos hayamos convertido en los sustitutos de dos kamikazes que jugaron a llorar y reír de más pero a lo grande. Que las pequeñas historias no valen para la gente grande. Y que quiero llamadas donde se expliquen menos pelos y más señales en forma de aventuras en el asfalto que siempre escucha. Que quiero que me escuchen decir alto y bajo que ser feliz no debería ser una opción.

Y que ya está de bien de gastarnos con penas que se acabaron a la cuarta cerveza. Que si a la tercera eran las vencidas, nos bebimos la cuarta y vamos a por la quinta. Que quiero lanzarme de cabeza a una historia que no se gaste antes de lo previsto. Que quiero más viajes donde se nos encoja el estómago igual que nosotros en un sofá cama de dos por dos. Que perder ya hemos perdido como para aprendernos de memoria que ninguna batalla se pierde del todo si se juega a ganarla.

Si echar de menos fue bonito, mejor será tener a quién, porque no es plan de estar para quienes no están. Y que quiero que te la juegues sin número. Que me llames sin decirte que esta vez huele a definitiva. Que no hay nada tan seguro como que echar de menos es proporcionalmente absurdo a las ganas que tengas de mirarme de frente. Y que me quiero tirar mejor y no tanto tantas veces como haga falta para que te quede claro que el felpudo de la puerta tiene dibujada una estrella.

Y es la mejor parte de una historia por escribir que no quieres dejar sin letras. Porque las mejores canciones son las que no se escuchan sino se cantan y que yo a estas alturas me las sé casi todas. Las losas no se gastan así que mejor que vayas sin prisas yo por el momento me quedo con la rima de dos canciones y un par de sonrisas.

Ángel Ludeña.

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