De nieblas y claros que cubren aviones.

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Carreteras asfaltadas que se dejan llevar por las pisadas de quien marca los pasos para dejar su huella. Callar más que hablar como mejor forma de aprender que quien se va queriendo irse no vale más que un billete a donde sea pero que sea lejos. Y qué lejos se van quienes no entienden de poesías sin rima. Y que aquí ya no riman ni las sonrisas. Gastarse a abrazos como mejor inversión y gente por la que apostar es siempre ganar. Que nunca se pierde del todo. Y que a estas alturas no hay forma de decir que los coches son más bonitos cuando llevan copiloto. Y que se acaban las ganas con toda la razón. Y de lo ilógico se intuyen guerras que no terminan con ningún ganador. Que perder se convierte en opción principal cuando no te dicen que intentes ganar. Que ya ni sabemos en qué quedamos porque hace no se ni cuanto que no nos vemos. Si te quedabas a la distancia suficiente como para levantar el vuelo más de lo previsto.

Que si no entraba en tus planes es porque aún no me conocías. Qué frío es Madrid cuando no hay abrazos que te hagan de abrigo. Y que aunque los coches no circulen tan deprisa, las historias van a más velocidad. Porque ya no hay quien te pida que no apuestes. Y que puede que parezca convincente escucharte decir que no quieres. Pero querer no es una posibilidad cuando se convierte en el motor que mueve el mundo.

Y que ya no quiero protagonistas de historias con los que no me hablo al cruzarme. Que yo hace mucho tiempo que no me dejo ganar. Y que ya no quiero que me digan que hasta cuando. Que hay manos que no sujetan ni sonrisas de medio gas. Que ya se nota que quien fue, puede que siga siendo. O tal vez será. Que es más divertido subir la música y bailar sonrisas. Que no quedan paseos sin conversaciones que duran hasta las tantas. Que si te dicen que no merece la pena es que no saben que la pena la merece todo aquello que en un segundo te sirvió para sentirte triunfador. Y que no hablo de malos tiempos. Que no hay que quedarse con lo que en su momento te hizo feliz.

Que los buenos tiempos están cargados de gente buena que viene para saber estar. Que estar también es aprender a que a veces no hace falta un piel con piel para que te sientan cerca. Que hay quien convierte la vida en una lista de buenos momentos. Y que no hay manera más tonta de perder que no jugar por quien merece la pena. Y lo mejor de tener algo que contar cuando conviertes dos sillas en la mejor charla de todo un garito de la capital es poder llenarlo de grandes canciones que son de las que aciertan a pesar de que el tiempo esté cargado de nieblas y claros que cubren aviones.

                                                                                                                                                            Ángel Ludeña.

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