Que si tardas, no me esperes.

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Que me digan cuántas veces son necesarias para aprender lo ya aprendido. Que me cuenten las mentiras y me mientan a verdades. Que la ciudad ya no quiere vernos. Que no entiende de idas, más que nada de tu sitio. Y que yo a estas alturas tampoco sé si tengo el mío. Que no me vale con cheques al portador que se quedaron sin fondos después de la cuarta botella. Que sólo bebo Whisky contigo y que parece que ahora cuando pego un trago, rasca. Y que empieza el frío y yo sigo en cazadora de cuero.

Y que no me eches si no es de menos que vales más que yo. Pero que esto, ya no hay quien lo pague. Que me digas si es cierto que cuando te preguntan por nosotros, sólo hablas de ti. Y que no quiero verte pero son estos ojos míos que se van detrás de dos pisadas fuertes y una mano que alguna vez sostienes. Porque yo vivo de sostenerme entre las cuerdas y que ya no suena ninguna canción bonita con olor del bueno. Que te tires igual en trampolín o los trastos a la mitad de una discoteca que ya parece que no pisamos. Y que bailar, hace tanto que no bailamos.

Que te quiero lo suficiente. Que te quiero ver lejos. Y que hay distancias inmedibles a historias del todo imposibles. Que nos vamos pero no sé a dónde. A echarnos a perder como los yogures. A tirarnos al suelo y dejarnos perder. Que me digas si es verdad que a estas alturas tú sabes como terminas. Porque yo ya no tengo claro si soy más de nubes, de tus claros o de esa sonrisa que ya hace mucho que no me dedicas. Vamos a andar sin rumbo. Por separado. A ver si nos encontramos antes de que nos pillen. Y que si me pides que te diga un único motivo por el que sigo estando ahí, te diré que no es por ti.

Que me dejo ganar porque tú eres más de perder. Que me encanta que noches como esta no me hagas falta. Que fui la buena cara de tus malos días. Que fuiste la fórmula secreta de una copa en un bar de mierda. Que fui de malos gestos y buenas intenciones. Que fuiste de mucho ruido y que nunca llegaban las nueces. Que fui más de mi ciudad que de tu mundo. Que fuiste el rumbo que nadie quiso coger. Que fui de comprar ilusión. Que fuiste de olvidar a la gente al fondo de un cubata. Que fui de recuperar el tiempo. Y que volvimos a no tener nada nuevo que contarnos contentos. Que vamos a poner el contador a mil porque tú lo pusiste a cero y así no funciona. Vámonos más lejos a ver cuánto tardamos en regresar, por mejores sitios, por aquellos tiempos donde sabíamos más de lo que nos íbamos a explicar, y que durante o mediante, me llames si puedes o no, que si tardas, no me esperes.

Ángel Ludeña.

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