El silencio de tus silencios.

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Qué feo poner precio a las palabras con lo bonito que es guardárselas para cuando hagan falta. Y qué importante saber estar donde tienes que estar y faltar donde ya no te toca. Que puedes pasarte callando y que todos quieran saber de ti. Que tal vez prefieras hablar y tirar por la borda todo lo que guardaste en silencio. Y qué bonita es la palabra silencio cuando sabe sonar a verdad. Y que no hay precio que pagar por los momentos vividos y almacenados bajo llave y contraseña. Dicen las señales del tráfico que hay un stop pasando la quinta avenida. Que STOP suena a parado y que yo hace mucho que aprendí a estarme quieto. Y que no existe forma de explicar que lo que hay que decir mejor a la cara. Que no soy amigo de las espaldas cuando son de gente que no es verdad. Que no quiero decir más que lo dicho. Que dicho fue que la verdad siempre se lleva la razón. Que pondría el brazo en el fuego mil veces. Y que me lo quemaría pero no me importaría porque pensar que no, es lo que me hace confiar de verdad. Que mis palabras no tienen precio. Y que quiero decir alto y claro, que no hay momentos bajos.

Que la vida está llena de aprender, de olvidar y de perder. Y que no me importa. Que quiero seguir jugándomela por quien sé que merece la pena. Que la vida son etapas y antes o después viene la que te toca. Y que me encanta que me toquen canciones que suenen bonito. Y que la vida no es más que un poquito de todo lo que te rodeas. Y que bien he sabido rodearme siempre, joder, con sus putas decepciones. Y que me encanta equivocarme por ser de verdad. Que tengo mil fallos.

Y que a estas alturas tampoco me parecen tantos. Y que voy a echar de menos a todos los importantes que pasaron por mí y que me encantará poder recordar que formaron parte de mi vida. Y que yo tal vez de alguno también de la suya. Y que se tirarme de cabeza por batallas ganadas que en mi puta vida he perdido ninguna porque aprender es sinónimo de ganar aunque no exista ningún libro que lo diga. Ya lo digo yo.

Como digo sin miedo que a veces se gana y otras se aprende. Y que bien. Que bien saber guardarse las historias para gastarlas con quien las viviste. Y que feo poder lanzarte de cabeza a cualquier sitio absurdo donde aún no sepan que hablar de quien no habla es tan sucio como mentir a quien no miente, ni tan siquiera sabe. Y que vamos a decirnos si es mentira que nos lo hemos pasado mejor de lo esperado. Que las sorpresas siempre acaban bien. Que todos los que no saben callar están poniendo a cero todas y cada una de las palabras. Y que no cuenten cuentos, que no tengo precio para el silencio de tus silencios.

Ángel Ludeña.

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