Nunca tanto ni para tanto.


La ciudad huele a esa primavera que se esconde en los recovecos de una estación en la que ya no pasa nadie. Nadie de ninguno de los que venían con billete con vuelta. Y cuánto hace que no vuelves a sacar de la cartera dos sonrisas de mentira y alguna historia de verdad.

De veras que te creo cuando te lanzas al vacío y te sientes como nunca. Con ese miedo a no ganar por haber ganado, a jugar a creer que una vez por todas dices la verdad. Cojones que faltaron para decirte que sólo vives bien. Y que pena hacer de la soledad un aliado y no un enemigo. Que te tuve miedo. No a que me perdieras, sino a que no me ganaras. Y cuánto de alto es el precio que pagar a cambio de tu verdad. Que a estas alturas ya no es ninguna.

Que huelo a nostalgia y que se malvive viviendo de recuerdos que no alcanzan un mínimo de cordura. Y que si tensas las cuerdas se rompen y que no tengo idea de coser. Y tampoco quiero aprender.

Y que yo sé de saber, más bien poco. Que no hay mucho que rascar cuando no te pica la curiosidad por saber qué fue de mí. Que demuestras que no te hice falta. Y cuanto en falta te recordé cuando ya ni me dolías. Que si, tu ausencia tiene cura pero yo no creo en la iglesia. Y que si no venga Dios y lo vea. Que no hay más ciego que el que no quiere beber que ver ya tengo vistas todas las marcas de cerveza del bar de abajo. Y que no saben igual si no estás tú. Qué feo eso de tirar por tu borda mis inicios, y que no te cuento porque me olvidé hasta de contar.

Que ya está bien de restar enteros y sumar a plazos. Que tienes una historia tan bonita que no hay feo en el mundo que no se pueda perdonar. Que perdón suena a olvido.

Que vamos a hacer sonar todas las canciones a ver si suena alguna que nos suene. Los de entonces, los de ahora. Que no hay más que decirte si no tienes más para darnos. Y el por qué de que te has ido tantas veces que no hay tonto que se crea tanto.

Y que te quiero contar que es mentira. Y que te quiero enseñar que se aprende de una derrota. Y que te quiero mostrar que todo está mejor que peor. Echarte de mi vida echándote de menos. Y poder decirte a la cara que sería incapaz de mirarte y no tener qué decirte. Elefante que levanta la trompa. Evitar el amarillo por norma general. Tréboles de cuatro hojas. Que no estoy donde quieres, pero sí donde puedes. Volver para volverte.

Marchar de que funcione, no de que se marche. Y que yo sólo entiendo de marcha unida a música fuerte y vasos llenos. Y que no quiero contarte más cuanto, nunca tanto ni para tanto.

Ángel Ludeña.

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