Más de la cuenta.

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Madrid pisa fuerte y deja huella. De pisar, de recordar que no hace tanto, hacía demasiado. De que quererse mucho es abrazarse sin miedo a que se vaya. Y que siempre se tiraba de cabeza por el precipicio de sonrisas que marcaban las canciones. Y que no hay nadie. Y que nadie tan así. Que ponga música y se deje brillar, sin purpurina, a palo seco como el whisky de un trago versión chupito. Que la mejor manera de volver es saber irse a tiempo. Y que nos queríamos lo suficiente para no saber estar cerca. Y seguir intentándolo en mitad de un ron con naranja. Y que siempre se fue y consiguió quedarse con recuerdos a noches. Con poca luz como los buenos secretos que nadie te dice y el mundo sabe. Y que cerca aprendí a querer a alguien que te quiere muy poco. Y que algo es valgo. Que no hay precio tan barato como el que no se pone. Que se fue muy lejos.

Que apenas nos conocíamos. Que la vida nos volvería a juntar. Y que la vida no junta, si no te juntas tú. Que le cuenten a otros que el cielo siempre es azul. Que le cuenten a otros que en Murcia no nieva. Que le cuenten a otros que la vida es más bonita cuando todo es lo correcto. Que le cuenten a otros que tirar la toalla compensa. Que le cuenten a otros que segundas partes nunca fueron buenas. Que me he dejado ganar en batallas de una noche. Y que me da igual lo que dure la tregua. Que quiero que me quiera tan poco que me haga sentir importante. Que el amarillo no es su color. Que no es demasiado especial. Que es lo justo y necesario para lanzarse al mar de dudas y sacar la cabeza a flote.

Que hay carreras de fondo. Y que yo he aprendido a tocar y salir a la superficie. Que somos los descartes de un plan perfecto. Ya nadie apuesta por nosotros y que quien rie el ultimo rie peor pero sigue riéndose. Y yo me rio de todos los que piensan que no valemos nada.  Y que ya no sé como decirle a todos que la verdad no le importa a ninguno. Que cada uno entienda lo que quiera, que bastante entiendo yo. Que ya está bien de entender que las mejores aventuras ni se cuentan, ni se escriben, se viven. Y yo quiero vivirlas tanto y tantas veces que sonría. Al buen tiempo, la buena cara y ya es casi verano como para verse tan lejos. Que no hay cicatrices que duren tanto.

Que si las penas no tienen cura, vamos a beber hasta que se pasen pronto. Que lo mejor de las historias son los pros y contras. Y que yo quiero ser feliz y voy a dedicarme a conseguirlo, que intentarlo es de mediocres y la gente sin talento que se vaya por la puerta, que en este punto del cuento ya hemos aguantado más de la cuenta.

Ángel Ludeña.

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