Sabor a desde cuando.

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Nunca el tiempo se lo había tomado tan enserio. Y te diré desde mitad de cualquier historia que todavía me acuerdo de la tuya. De los ojos marrones que miraban sin decir que lo mejor de todo era lo que callaban entonces. Por qué hablaron tanto después. Por qué no supieron que, a veces, era necesario saber aún menos de lo que parecía.

Era tan invierno que las dudas no dejaban y la claridad se enturbiaba entre copas de ginebra. Era demasiado tarde para seguir en las mismas. Y que tal vez nunca fue el momento. Y que decir adiós era demasiado difícil como para decirlo. Que la gente que se despide es sólo la que no tiene intención de volver. Y yo volver, volvería. A dar callada por supuesta, sabiendo que ya sabías. Que ya apenas te conozco. Y que no hay nadie en todo el planeta que te conozca como yo. Desde cuando tu nombre no suena en mi teléfono a todas las horas de un día que ahora pinta demasiado largo. Desde cuando no pisamos Malasaña en días malos que se solucionaban en mitad de una plaza cualquiera. Desde cuando Starbucks saca cafés que no hemos probado. Desde cuando en tu vida pasan cosas mientras yo no paso por allí. Tu calle me recuerda tanto a ti que por eso la miro de reojo. Que no hay valiente que no se haga pequeño cuando le tocan el corazón. A ti, compañera de vida y de batallas. A ti, que pisabas fuerte con tacón y vivías de sinrazones. A ti, la reina de corazones que ya no se enamoraba de nadie que no lo hiciera de ella. Que la echo de menos a ratitos. A sorbitos cortos de chupitos de jagger. A colillas en la puerta de un garito de mierda. Que empieza el nuevo curso y me quedé sin compañera de pupitre.

Que no soy capaz de olvidarla porque sé que ella tampoco lo hace conmigo. Que hice del no hablar, tu mejor defensa. Y que pasados los ataques, ya no quiero guerras frías. Que los soldados de verdad siempre saben abandonar si corresponde. Que no hay teniente, ni tan siquiera coronel, que quiera verse en mitad de un bombardeo de dos amigos que se conocen tanto y que se quieren un poco. Que los reproches ya no son aptos, ni dignos de que se les mencione. Ni por tu parte, ni por la mía. Que no sé que será de nosotros. Que la vida no te pone en el camino, si no se lo pides tú.

Y que Madrid es tan bonito que no deja lugar a mentiras. Y que nunca está todo dicho. Que siempre hay temas por hablar y cosas que contar. Y que la gente feliz es la que dice lo que quiere decir, cuenta lo que quiere contar y llega a donde debe llegar, y yo sin saber a donde voy, recorro las calles de siempre, paro el coche, recuerdo y ando con sabor a desde cuando.

Ángel Ludeña.

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