Todavía tan verano.

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Puede que la mejor forma de no salvarse sea dejarse caer tantas veces que te lo esperes y no llegue nunca. Y que una vida nada común siempre tiene un sitio de excepción en la librería de un cualquiera. Y que no hay un lugar mejor que donde estás cuando quieres estar.

De donde irse siempre sabe a poco. De donde volver, me suena bien. Y hablar de no entender que a veces es mejor no decir nada para saberlo todo. Y que suenan canciones que siempre tienen algo que contar como los cuentos de un cuentacuentos cualquiera al que no le han avisado de que las buenas historias todavía están siempre por escribir. Y que hace tanto ya que aprendí a ser feliz que ahora quiero demostrarlo. Que no valen excusas para explicar lo inexplicable. Y tenerlo todo sin derecho a nada. A nada más que saltar entre calles hasta dar con el portal correcto. Si es que alguno lo es. Para que todos vean lo que ya saben y ninguno se atreve a preguntar. Que no quiero quedarme sin alas por si me quiero ir antes de tiempo para volar a ras del suelo. Y lo rápido que sabe todo cuando haces del nada tu mejor elección.

Y que supongo que a veces sale bien. Y que hay alguien en algún lugar que quiere mirar y sonreír. Que la felicidad se mide en vasos con hielo. Que todas las historias que merecen la pena tienen nombre de bar. Y beber hasta saltar tan alto que haya alguien dispuesto a pillarte. Que me duelen los pies de no saber donde voy, que llevo sin cobertura cerca de 100 días y que busco antenas entre los cielos de Madrid. Y qué bonito, Madrid, cuando disfrutas de los sitios de siempre. Y que pasa el tiempo pero no las ganas. Y que pasa gente que se va sin decir adiós. Y que la morena de ojos oscuros sigue esperando que suene su telefonillo. Y llegar con cien historias y dos cervezas en vasos que se pueden rellenar. Que no se vive tan bien cuando no hay a quien decírselo.

Las veces que se ven las fotos miden las ganas que tienes de repetir lo que ves. Y cuantas fotos vistas, y cuantas por mirar cada vez que recuerdo que si lo tienes todo, todo parece mejor. Y de parecerlo a serlo, tampoco hay tanto. Que me acuerdo del calor sofocante de las vidas que se dejan gastar entre el asfalto un agosto de infarto. Y que no hay pastillas en el mundo que curen lo difícil que es estar demasiado lejos.

Que el tiempo se mide en momentos, en días de sol y en claros. Y que claro que la vida está más cerca de todo cuando no tienes tiempo de nada y estás por encima de 20 grados. Que el mal tiempo no dura mucho cuando no le damos margen de maniobra. Y que vuelva pronto y no se vaya en todo el año, que llueve demasiado para ser todavía tan verano.

Ángel Ludeña.

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