Ojalá tuvierais tanta suerte.

Madrugones de apagones de noches que nunca son demasiado largas. Cortas intenciones y copas de más un martes cualquiera. La cerveza por bandera de toda causa noble. Y choque de emociones escritas en papel y boli.

Viajar alrededor del mundo en un sofá rinconera de un garito de mierda. Beber hasta entender que todo en esta vida se soluciona bebiendo. Leer entre líneas buscando principios felices. Y renunciar a todos ellos a cambio de hacer lo que te de la puta gana.

Y bailar. Bailar hasta pegarle fuego al dj, hasta sentir que el techo se cae, hasta ver como todos se van y tu sólo buscas bailar. Bailar tanto y con tantos que no hay tonto que no caiga bailando.

Meterse nada y en todo, correr y no de irse, mirar para que te vean y contar con los dedos de una mano las veces que te saltas tus propias reglas. Que no hay mejor medida que la que no se toma ni cerveza tan rica como la fría.

Y cantar. Cantar en la ducha de cualquiera que te conozca como nadie. Cantar hasta tener quien te tome el relevo. Cantar de todas las formas posibles sabiendo que resulta improbable que nadie cante tan mal como tú. Y que lo siga intentando.

Conducir de todo menos su coche, hablar de todos menos de ti, dejarte llevar por causas perdidas y encontrar tu lugar en la calle Ponzano. Y que aun sea suficientemente invierno como para echar de menos su verano y tu rincón.

Y reír. Reír hasta encajar mandíbulas con historias, reír en falso por fotos de filtro y retoque y reír hasta que toque volver a reírse de Madrid y lo que esté por llegar. Que nunca se van las ganas de tenerse ganas y  poder con todo.

Por amigas que te hablan de algún día, de echar de menos y de ser feliz. Por amigos que fuman cachimba, te sacan de fiesta y te abren la puerta. Por la gente que apuesta, pierde y vuelve a apostar. Y por la que se juega todo a nada y les sale sorprendentemente bien.

Y que vamos a llorar tanto que ni sepamos por qué cojones lloramos. Y que van a entrar cuantos quieran y que nos quieran. Y que a estas alturas de ese cuento que llaman Madrid, no hay una pena que aguante tres copas. Que si las noches son putas, los días tampoco son santos. Que nunca es demasiado pronto para hacer lo que quieras. Y que si quieres te queda el consuelo de que siempre existe un bar abierto.

Qué suerte los que saben que la tienen. Que bien, que astuto, que indecente y que desesperadamente oportuno, cantaba Izal. Y que toca bailar al compás de lo que se presente, que no hay pasado que recordar ni futuro por prevenir y que aquí se debe de decir que sí siempre a una cerveza y saltarse los no para más adelante. Que esto se trata de saber sumar, echarle cojones y ser fuerte. Y que puedas decir a la gente que ojalá tuvierais tanta suerte.

 

Ángel Ludeña.

Anuncios

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: