Quién sabe si tal vez.

Intenté entender su miedo con una cajetilla de tabaco a la que aún le quedan pitillos. Y no ha fumado en su puta vida. Por no quemarnos nunca ni apagarnos demasiado en juegos de niñatos que acabaron siendo mayores en eso de mezclar cervezas con ron con coca cola. Té verde con limón, evitando el mal gusto, para afrontar que sigue lloviendo a ritmo fluido y no hay cojones de conseguir que pare.

Y que seguimos pisando fuerte para no dejar que se escapen las ganas de un Madrid centro que se antoja diferente. Que si ganan a iguales los que siempre perdieron sea por batalla tirada después de pelear más que por perder sin haberlo echado a suertes.

Entendí como quererse por descontado asumiendo peajes a destiempo. Y que por falta de horas no será cuando perdimos la ropa y no el reloj en noches que quemaban las reservas. Y echar de menos pasó a ser una opción nada destacada cuando se hablaba de por qués en un bar de Malasaña. Por no decir que Chueca se convirtió en prioridad cuando el fondo del vaso ganaba peso en jueves de altura en mitad de tiempos bajos. Y tirar de Ponzano por recuerdos en presente, en pasado y en futuro, Dios dirá. Y que diga mucho y muchas veces que cuando no nos da la gana, no hay cojones a escuchar.

Y brindar por lo que fuiste, por lo que quieres y por lo que tendrás si dejaste para ayer lo que pueda ser mañana. Y contar a tu manera para que no sea a la suya por llevarle la contraria como garantía de que está vez decides tú. Y aprenderte tan bien la teoría que cuando llega lo de la práctica le has perdido la gracia por aquello de ser poca novedad.

Y que se fumen los malos tiempos con un cigarro estratosférico donde echar de todo menos sus drogas. Que en eso de adiccion tenemos casi un máster con notable rozando el alto. Y que vamos a bajar la guardia para que pasen todos los que quieran venir a carcajadas. Que yo ya no me río si no es de esa forma.

Y volver a bailar. A bailar tanto y con tantos que no hay tonto que no caiga bailando. Y volver a brillar. Como brillan los que saben que todo el mundo espera verles caer. Y por cojones, no. Y vamos a follar. Hasta reventar colchones de todas las habitaciones que toquen cielo. Que el suelo es para pisar el puto miedo a que esta vez sea diferente. Y qué más tiene, cuando tiene y no da. Y qué más puede, cuando puede y no quiere. Y qué coño le importa, si no le importo yo. Y que te den igual los que suenan a historia que te suena. Y que te empiecen a preocupar los que ocupan la primera línea de tu WhatsApp. Que si están ahora es porque llegaron a tiempo. Que si no estuvieron entonces es porque no había que estar. Y que sí que esta vez, quién sabe si tal vez.

Ángel Ludeña.

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