Cuestión de a tiempo.

Como ondean las banderas que anuncian con orgullo de colores el fin del clima hostil. Como entran los que hicieron del salir una forma de malvivir a trompicones. Como soltarse de un golpetazo para que nadie se escandalice de la vorágine de flashes. Y a tiempo de echarle un guiño al sol. Cuando lo miras de reojo.

Beber Mahou por salud, Estrella para brillar y hacer de la Heineken un derivado del champán. Para días de preresaca antes de una hostia necesaria. Y a tiempo de gastar los coletazos de recuerdos que se quieren como al tiempo.

Y qué tiempos aquellos de quienes vinieron para quedarse. Basta con mirar por la ventana para saber que el verano cruzó la esquina ya hace casi un mes. Y aquí, en una terraza con un par de kamikaces, le vamos a ir pidiendo la primera. Para que se sienta como en casa. Que lo está. Y es que… ¡qué cojones es la vida sin verano! Media sin carrera, rueda sin derrape o un buen polvo sin beso mediante.

A tiempo de retomar la vieja costumbre de reír por defecto, sin causa aparente ni explicación ninguna. Con bar revuelto y sin ganas de pisar tierra firme. A tiempo de volver a cerrar los bares y abrir historias cada viernes a partir de las 3H. Y vencer a la hora golfa para empezar con buen pie y acabar en el colchón al que mejor le suene el muelle.  A tiempo de volver a cruzar puertas como puentes y saltar de coches en movimiento. Evitando riesgos de caída como profesional de remontar le pese a quien le pese.

A tiempo de hacer piruetas encima de un banco un lunes de borrachera. Con la pizza recalentada, nueve números por marcar y un golpe de fuerte que con suerte se hace un sitio en tu sofá.

Y a tiempo de que el tiempo dé una tregua. Para tomar decisiones a ritmo de copas, para saltar al bar de los besos de una zancada y para bailar los problemas con cualquiera que te suene de cara pero no de mente. Intermitente eso de acordarse de lo que fui como algo momentáneo en un acto de rebeldía. De solución rápida y si me apuras, sencilla.

A tiempo de aprender a cañas y no a cañonazos, a tiempo de ganar en infinitivo y definitivo, a tiempo de brillar mano a mano con el dj y dejar las penas donde cojones se quedaran. Que a estas alturas no hay quien se acuerde.

Y cielos azules claritos con algún temporal de por medio, y calles repletas de historias pendientes del por vivir y que si, que todo va bien por cojones, ilusiones y algún que otro tropezón. Que para ir ahora deprisa, había que ir antes más lento, supongo que cuestión de a tiempo.

Ángel Ludeña.

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